Las dos veces que ayer me bajé de la combi (una a la mañana yendo a trabajar, y la otra a la noche, volviendo) me rompí la cabeza contra la puerta. En otra situación me hubiese reido de mi torpeza, o hubiese puteado un rato, pero ayer, con el día cruzado que tenía, no me lo banqué. Cualquier percance se transforma en el fin del mundo. Como si no quedara mas Nesquik.
Necesito vacaciones.
O una bolsa de plástico en la cabeza.
martes, marzo 06, 2007
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